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viernes, 4 de diciembre de 2009

La maleta del recuerdo

Había un hombre que se llamaba Luís, que vivía solo en una casa muy pequeña. Estaba soltero y era pobre, lo que ganaba con su trabajo apenas le alcanzaba para comer, pero en su habitación guardaba algo muy valioso para él, una maleta donde tenía guardado algo que nadie había visto nunca y que solo él sabía.


Un día en la empresa donde trabajaba despidieron a mucha gente para que entrara gente nueva y él fue uno de los trabajadores a los que despidieron. Desde entonces Luís comenzó a buscar otro trabajo desesperadamente. Después de dos semanas sin resultado, Luís se quedó sin comida y, para no morir de hambre, decidió irse a vivir a otro país donde buscar otro trabajo. Lo único que se llevó aparte del poco dinero que tenía fué aquella maleta tan importante para él.


En Francia encontró un buen trabajo y consiguió comprar una casa mejor que la anterior. Vivía bastante bien hasta que una noche unos ladrones entraron a su casa a robar y se llevaron, entre otras cosas, su maleta. Los ladrones se fueron huyendo antes de que Luís se despertara, justo saliendo de la casa la policía pasaba por allí casualmente y los reconocieron porque eran buscados desde hacía ya tiempo. Los ladrones empezaron a correr para que no les alcanzara la policía pero cuando estaban pasando por un bosque se les cayeron algunas cosas, entre las que estaba la maleta y para no perder tiempo se fueron corriendo y no se pararon a cogerla.


Al día siguiente pasé por allí y vi la maleta, miré alrededor a ver si había alguien y como no había nadie la cogí y la abrí, la maleta tenía una foto de los padres de Luis cuando eran jóvenes, antes de que murieran.

viernes, 20 de marzo de 2009

La caja de Pandora



Un día Zeus bajó del Olimpo para visitar a su hijo Hefesto, que vivía en la isla de Lemnos, donde trabajaba a gusto día y noche para aislarse de los otros dioses que se burlaban de él. Zeus le dijo a su hijo que Prometeo les había engañando otra vez subiendo de nuevo al Olimpo y devolviendo a los hombres el fuego.

Zeus, para vengarse, le dijo a su hijo que creara una mujer bellísima fijándose en Afrodita. Hefesto, pués, modeló una figura con arcilla. Zeus la llamó Pandora y llamó a los cuatro vientos que soplaron sobre Pandora y ésta empezó a moverse. Los dioses concedieron a Pandora los más variados dones: la dulzura, la gracia, la inteligencia... Antes de que Pandora se fuera, Zeus le hizo dos regalos: una caja de oro que nunca debía abrir y el don de la curiosidad.

Cuando Pandora llegó a la Tierra, conoció a Epimeteo, hermano de Prometeo y éste quedó tan asombrado de su belleza que, a pesar de que su hermano se opuso, decidió casarse con ella. Vivieron felices un tiempo hasta que un día la curiosidad se apoderó de Pandora y abrió la caja, de donde salieron al mundo todas las desgracias que Zeus había encerrado: la tristeza, la mentira, la angustia... Y alcanzaron todas las casas de la Tierra. Era la venganza de Zeus.

De la caja salió una última bendición que Hefesto había colocado a escondidas: la esperanza, por la que los hombres siguen siempre adelante esperando una vida mejor.

viernes, 20 de febrero de 2009

EL sótano del judío


En épocas muy remotas vivía en una lóbrega casa de Córdoba un viejo y avaro judío, cuya única preocupación durante su vida había consistido en reunir toda clase de objetos preciosos y una gran cantidad de monedas de oro. Deseoso de almacenar una cuantiosa fortuna, vivía miserablemente y no desperdiciaba ocasión de hacer usura a costa de los necesitados.

Tenía la casa un sótano oscuro y profundo, en cuyo interior guardaba celosamente de todas las miradas su cuantiosa fortuna, de la cual sólo tenía noticia su única hija, una doncella hermosísima, que con alguna frecuencia solía entrar en el sótano siguiendo órdenes paternas.

Cuenta la leyenda que una noche en que el judío quería llevar al sótano en secreto un pequeño tesoro recién conseguido, mandó a su hija que lo bajara. La obediente doncella encendió una vela y con el tesoro en la mano bajó las oscuras y empinadas escaleras, hasta llegar a lo más profundo del sótano. Se disponía ya a subir cuando sonaron las campanadas de las doce. De repente, y ante la mirada atónita del judío y el terror de la doncella, se apagó la vela y se cerró la entrada de la cueva.


La joven se quedó a oscuras en el sótano, rodeada de riquezas. Estaba muy asustada y comenzó a andar por el sótano sin ver nada.De repente oyó una voz que le decía que estaba ahí encerrada a causa de la avaricia de su padre. La joven, asustada, le pregunto qué debía hacer para salir de allí y la voz le contestó que, solamente si su padre daba todo ese dinero a la gente pobre, ella podría salir de aquella cueva. Su padre empezó a gritar llamándola desde fuera. Ella le dijo desde dentro que estaba bien y le explicó lo que debía hacer para que ella pudiera salir de allí. Su padre, muy arrepentido, se puso de rodillas pidiendo perdón al cielo y la cueva se abrió. Él y su hija fueron por Córdoba entera repartiendo todas aquellas riquezas y nunca más aquel hombre volvió a ser avaricioso.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Estados de ánimo


Unas veces me siento
como mar en calma
y otras como tormenta desatada.

Unas veces me siento
como un niño perdido
y en otras como una
persona afortunada.

A veces uno es
como paloma en libertad
y otras veces
como león enjaulado.

Pero hoy me siento apenas
como una rosa de mayo
con sus pétalos y su olor
con su raíz y su tallo.