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viernes, 20 de marzo de 2009

Caballo de Troya


Los griegos estaban en guerra con Troya. Llevaban diez años acampados en frente de la ciudad. Su jefe era Ulises, rey de Ítaca. Ulises buscaba un plan para atacar y vencer a Troya. Atenea le propuso una estratagema que consistía en hacer un caballo de madera hueco por el vientre y ahí guarecerse él y veinte soldados. De noche saldrían del caballo y abrirían las puertas de la ciudad de Troya para que entraran los demás griegos. Un día un centinela de Troya vio el caballo y avisó al rey, este vio una placa que decía :``Aceptad este caballo como ofrenda para los dioses´´. Al final lo introdujeron y a la noche los griegos bajaron con grandes cuerdas, abrieron las puertas de Troya, entraron todos los griegos y arrasaron la ciudad.

Prometeo, el ladrón del fuego


Los dioses vivían en el monte Olimpo donde tomaban néctar y ambrosía, un licor y un alimento dulcísimos que aseguraban su inmortalidad. Mientras tanto, los hombres pasaban sus días cultivando los campos y criando los ganados. Tenían que entregar la mitad de su ganado y su cosecha como ofrenda a los dioses.


Un día, cuando los hombres habían sacrificado un buey, empezaron s discutir que por qué tenían que darles la mitad a los dioses. Entonces le pidieron ayuda a Prometeo, y él ideó un plan.

Despellejó el buey, lo descuartizó, y dividió los restos del animal en dos grandes montones. Entonces llamó a Zeus. Él miro los montones, uno le pareció muy poco apetitoso y el otro le atrajo por su brillante aspecto. Eligió el segundo. Zeus no tardó en darse cuenta del error que había cometido porque Prometeo había puesto los huesos y los tendones y por encima les había echado la grasa.


Como castigo Zeus les quitó el fuego a lo humanos para que comieran la carne cruda, pero Prometeo robó el fuego y se los dió a los humanos. Zeus castigó a Prometeo atándolo en el Cáucaso y todos los días una feroz águila le comía el hígado, y, al día siguiente, le volvía a aparecer.

La caja de Pandora



Un día Zeus bajó del Olimpo para visitar a su hijo Hefesto, que vivía en la isla de Lemnos, donde trabajaba a gusto día y noche para aislarse de los otros dioses que se burlaban de él. Zeus le dijo a su hijo que Prometeo les había engañando otra vez subiendo de nuevo al Olimpo y devolviendo a los hombres el fuego.

Zeus, para vengarse, le dijo a su hijo que creara una mujer bellísima fijándose en Afrodita. Hefesto, pués, modeló una figura con arcilla. Zeus la llamó Pandora y llamó a los cuatro vientos que soplaron sobre Pandora y ésta empezó a moverse. Los dioses concedieron a Pandora los más variados dones: la dulzura, la gracia, la inteligencia... Antes de que Pandora se fuera, Zeus le hizo dos regalos: una caja de oro que nunca debía abrir y el don de la curiosidad.

Cuando Pandora llegó a la Tierra, conoció a Epimeteo, hermano de Prometeo y éste quedó tan asombrado de su belleza que, a pesar de que su hermano se opuso, decidió casarse con ella. Vivieron felices un tiempo hasta que un día la curiosidad se apoderó de Pandora y abrió la caja, de donde salieron al mundo todas las desgracias que Zeus había encerrado: la tristeza, la mentira, la angustia... Y alcanzaron todas las casas de la Tierra. Era la venganza de Zeus.

De la caja salió una última bendición que Hefesto había colocado a escondidas: la esperanza, por la que los hombres siguen siempre adelante esperando una vida mejor.