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lunes, 7 de febrero de 2011

Como conocí a vuestra madre

Una mañana de sábado yo estaba en el supermercado comprando las cosas que aparecían en la lista que llevaba. Me acerqué a las botellas de vino y miré el precio de una de champán por que iba a celebrar mi cumpleaños. Juan, el reponedor, un chico alto con gafas, con un tupé y una bata que le llegaba gasta las rodillas, me puso un precio sin darse cuenta. Se había de distraído, que hasta los ojos se le salieron de las órbitas, con una chica que llevaba una vestimenta muy atrevida: llevaba una minifalda, un top diminuto y el pelo suelto.

Después de eso me acerqué a la nevera de los congelados. Una señora vestida de forma anticuada con una falda que le llegaba hasta las rodillas y un sombrero con una flor se me acercó y se quedo mirándome la espalda. Cada vez se me acercaba más y me miraba la etiqueta que me había puesto el reponedor . Como le parecí barato, la señora me cogió de la mano y me llevó a la caja para comprarme. Yo me movía y gritaba para que me soltara.

La cajera pasaba de mí. Cuando vino el encargado le dijo a la señora que me soltara. Ella, muy educada, me soltó. Yo me limpié la ropa y hablé con el encargado para que despidiera al reponedor y a la cajera. Él accedió a lo que le había dicho. Después me dirigí a la señora ella muy apenada me pidió disculpas y me invitó a cenar.

Hijos, así fue como conocí a vuestra madre.

jueves, 3 de febrero de 2011

La mujer psicópata

Una mañana en un supermercado José, el dependiente, se puso a poner las etiquetas a las botellas nuevas. De pronto se le fueron los ojos detrás de Laurita, una chica sexi que desde pequeña que siempre era deseada por todos los chicos del lugar. Se distrajo tanto que, sin darse cuenta, le puso una etiqueta a un cliente muy entendido en vinos llamado Raúl que estaba comprobando la calidad del vino y su añada, por lo que estaba mirando muy atentamente la botella, así que no se dio cuenta del despiste de José.

Don Raúl, una vez elegida al fin su botella siguió con su compra, fue a un frigorífico y miró los congelados que solía comprar, con tan mala suerte que paso la Mari, su vecina. Esta era una señora ya entrada en años que se quedó mirando atentamente el precio que tenía pegado en la espalda Raúl. Ella cogió a Raúl y se lo llevó. Entonces Raúl empezó a gritar :

-¡ Déjame en el suelo gorda loca!

La Mari, sin querer echar cuenta a sus griteríos, lo llevó hacia la caja para comprarlo. Una vez ya allí la cajera pasó a Raúl como si fuera una simple manzana. Cuando salieron del supermercado Raúl se pudo zafar de la Mari y salio corriendo hacia el puesto de policía más cercano con la mala suerte de que al cruzar la calle siguiente se lo llevó un coche por delante.

Después de dos días en coma en el hospital de La Paz donde había entrado por el golpe, cuando Raúl despertó se encontró a la vera de la cama a La Mari y esta le dijo con voz de preocupación y de consuelo:

-Tranquilo Raúl, ahora te cuidaré y te daré todos los mimos que desees.

Raúl resignado y dándose cuenta que la Mari no le iba a dejar ir, decidió ceder e irse con ella en cuanto saliera del hospital. Raúl y la Mari vivieron varios meses juntos.

Una mañana llamaron a la puerta inesperadamente. Era un amigo intimo de Raúl , se llamaba Juan, Raúl le había contado lo sucedido y este decidió ir a verlo. En un despiste de la Mari, que había ido a traerles un café, los hombres decidieron salir de la casa a toda velocidad. Cuando lo consiguieron Juan cogió su coche, fueron hacia los juzgados y denunciaron el suceso pero no les creyeron así que Juan le propuso a su amigo salir de la ciudad.

Llegaron a Sevilla y Raúl buscó trabajo en las mejores bodegas de la ciudad, consiguió que lo contrataran y allí Raúl fue feliz ya que encontró una chica a la que quería y formaron una familia.