Una desdicha en el campo
Un día de campo en Alanís, un pueblo de la Sierra Norte de Sevilla, se encontraban mi abuelo y un par de campesino más, recolectando aceitunas. De pronto empezó a caer un poco de agua, no se preocuparon por ello, por tanto siguieron recolectando aceitunas. Cuando vieron que la lluvia empezaba a caer con más intensidad, mi abuelo y los demás agricultores se metieron debajo de unos árboles, con la mala suerte de que se desató una tormenta terrible de truenos y rayos. Todos empezaron a recoger los fardos y las cosas para regresar al pueblo, pero dio la casualidad de que, mientras recogían, uno de los rayos fue a parar a mi abuelo. Los demás agricultores, alarmados y nerviosos y sin saber qué hacer, fueron rápidamente a verlo, pero cuando llegaron era demasiado tarde. Mi abuelo había fallecido por el impacto de un rayo, su cuerpo estaba inmóvil y por dentro estaba totalmente calcinado. Al llegar al pueblo se acercaron a la casa de mi abuela con la trágica noticia de que su marido había fallecido esa misma tarde.





