jueves, 3 de febrero de 2011

La mujer rabiosa

No te puedes imaginar lo que ayer pasó en el supermercado. Jorge, como siempre, estaba totalmente despistado. Iba con su máquina de poner precios etiquetando los productos, cuando vio de repente al cliente mas pejiguera de todo el supermercado, intentó evitarlo porque si no sabía que lo iba a parar para preguntar cuál era el precio de la botella que pensaba comprar.

El cliente se llamaba Jesús, era un hombre bajito, calvo con mucha nariz. Estaba en la sección de bebidas eligiendo un buen Rioja para una cena muy especial que esperaba de hacía bastante tiempo, era que venía su hija de Nueva York.

Jorge, el dependiente, que seguía en su mundo, vio a Patricia, una joven de la cual estaba muy enamorado desde hacía ya bastante tiempo y, sin darse cuenta, le puso una etiqueta a Jesús en la espalda.

Jesús estaba comprando lo último que le faltaba en la sección de congelados, cuando una señora bastante madurita se fijó en el precio que llevaba puesto en su espalda. La señora metió a Jesús en el carro y se lo llevó hasta la caja del supermercado. En cuanto la señora lo cogió y lo puso en la cinta transportadora, Jesús empezó a gritar pero nadie le hizo caso.

La señora se lo llevó a su casa, y allí se dio cuenta que era su vecino de la planta baja con el que se llevaba tan mal.

-Pero que haces tu aquí -dijo la señora con cara de espanto.

-Eso es lo que te estaba diciendo en el supermercado, que qué estabas haciendo.

-Pues fuera de mi casa...¡¡¡¡¡pero fueraaaaa!!!!!

Finalmente Jesús salió espantado de casa de la señora, porque le estaba metiendo cada chillido que el pobre no sabía dónde ir.