viernes, 20 de marzo de 2009

Prometeo, el ladrón del fuego


Los dioses vivían en el monte Olimpo donde tomaban néctar y ambrosía, un licor y un alimento dulcísimos que aseguraban su inmortalidad. Mientras tanto, los hombres pasaban sus días cultivando los campos y criando los ganados. Tenían que entregar la mitad de su ganado y su cosecha como ofrenda a los dioses.


Un día, cuando los hombres habían sacrificado un buey, empezaron s discutir que por qué tenían que darles la mitad a los dioses. Entonces le pidieron ayuda a Prometeo, y él ideó un plan.

Despellejó el buey, lo descuartizó, y dividió los restos del animal en dos grandes montones. Entonces llamó a Zeus. Él miro los montones, uno le pareció muy poco apetitoso y el otro le atrajo por su brillante aspecto. Eligió el segundo. Zeus no tardó en darse cuenta del error que había cometido porque Prometeo había puesto los huesos y los tendones y por encima les había echado la grasa.


Como castigo Zeus les quitó el fuego a lo humanos para que comieran la carne cruda, pero Prometeo robó el fuego y se los dió a los humanos. Zeus castigó a Prometeo atándolo en el Cáucaso y todos los días una feroz águila le comía el hígado, y, al día siguiente, le volvía a aparecer.